Viaje al ojo de un caballo
06:00 horas. Los caballos se recortan contra el perfil de la neblina y la serrezuela al fondo es como un reflejo suyo bajo el cielo cubierto de nubes. El despertar del mundo es así, fue así, tenía que ser así. El hombre se pregunta qué hace aquí, en esta inmensidad que sólo otros más aguerridos parecen atreverse a conocer. Cuando viajamos en grupo al extranjero, no salimos nunca de esa burbuja o placenta de familiaridad que constituyen el idioma y la cultura. A veces, nos reímos con nuestros compatriotas de los hábitos más chocantes en el país que visitamos, aquellos que más se alejan, aparentemente, de nuestra rutina; y esta puesta en solfa no funciona sino como un precinto o freno para no caer en lo desconocido. Ese es el desasosiego que embarga cuando se viaja solo, el no hacer pie que llena la cabeza de preguntas resumidas en una: qué hago aquí.