Las encantadas, Charles Darwin y Herman Melville

Círculo de Tiza, 2016

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Colaboré con dos amigos míos, Francisco Ferrer Lerín y Francisco León, en este volumen tan especial que incluye dos miradas históricas a las islas Galápagos, la de Darwin y la de Melville, no estrictamente contermporáneas, pero sí igual de deslumbradas. Hay también preciosos dibujos, y textos nuestros que intentan acotar el espacio, ingente, que abrieron dos viajes fascinantes: de uno surgió, con el tiempo, El origen de las especies; de otro, Moby Dick, tras las consabidas asimilaciones respectivas. Pues Darwin tuvo que cansarse de ver copular a las orquídeas; y Melville, pasar por el tamiz oscuro que le recetó Hawthorne toda la luminosidad del océano que había visto. Una joyita más que se les debe a Marian Montesdeoca y Ulises Ramos, y, por supuesto, a Círculo de Tiza.

El libro en el catálogo de la editorial.

En los Estados Unidos y Europa. Ensayos sobre literatura, arte y sociedad, de José Martí

Artemisa Ediciones, 2010

Antes de la literatura

Creo que fue mientras preparaba el Emerson: descubrí al José Martí ensayista. Concretamente, el ensayo que escribió sobre el sabio de Concord me parece la prosa más deslumbrante del castellano decimonónico. José Martí, exiliado cubano en los Estados Unidos, el monstruo al que, según él, le vio las entrañas, escribe desde allí sobre literatura, arte y sociedad: de los Estados Unidos a Europa, de Flaubert a Goya. Reuní los ensayos que más me convencieron y escribí el prólogo. Otra colaboración, de nuevo, gracias a Artemisa y al bendito Ministerio.

El libro en el mercado.

Ciudad propia, de Francisco Ferrer Lerín

Artemisa Ediciones, 2006

Tuve la suerte de colaborar con Ferrer Lerín y con su albacea literario, Javier Ozón, en la preparación de la poesía completa del primero de ellos hasta la fecha. Fuimos a Jaca, entre una nevada impresionante, y trabajamos en la biblioteca de la ciudad con todos los documentos que llevó Javier. Por la noche, yo me quedaba en una pensión de cazadores, y todavía recuerdo el olor de los guisos: después de un día entero desgranando textos como «Corvus corax», «Obras públicas», o los inéditos que ya apuntaban a lo que vendría después en la obra leriniana, Fámulo, Familias como la mía, su Bestiario y tantas y tantas cosas, me dormía acunado por los efluvios de animales salvajes cobrados en las proximidades del Oroel, cocidos hasta la sublimación. No pasé nada de frío; tuve muchas y jugosas pesadillas.

El libro en el mercado.

Poesía en traducción, Jordi Doce (ed.)

Círculo de Bellas Artes, 2007

Poesía en traducción

Jordi Doce me invitó, junto a otros compañeros, poetas y traductores, a dar una conferencia sobre mis traducciones de Yeats, y posteriormente editó este libro en el catálogo del CBA. Asistió un número razonable de gente. Entre ellos, un espontáneo que he visto en más convocatorias culturales: presentaciones, conferencias, bibliotecas. Confundió a Yeats con Joyce, y no recuerdo muy bien cómo salimos de aquello.

El libro en el catálogo de la editorial.

La otra joven poesía española, Alejandro Krawietz y Francisco León (eds.)

Igitur, 2003

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En mis inicios, tuve una conexión muy cercana con varios poetas canarios: Paco León y Alejandro Krawietz, que incluyeron poemas míos en esta antología, donde están algunos de los poetas que más había leído y admiraba, Rafael José Díaz, que publicó mi relato Planeador en su colección, La playa del ojo, Melchor López, Juan Fuentes, Régulo Hernández, amigos todos con los que perdí el contacto, como con tantos otros, pero para quienes guardo un cariñoso recuerdo. El día que la presentamos en Madrid, estuvimos haciendo tiempo entre copa y copa hasta que abrió el quiosco de prensa de la Puerta del Sol, el más madrugador, para ver las reseñas. No me quiero olvidar de Andrés Sánchez Robayna, que fue maestro de todos ellos, y a quien estudié en la tesis, junto a Jenaro Talens, otro poeta admirado, y que también tan bien se portó conmigo, Francisco Ferrer Lerín, con quien sigo, afortunadamente, manteniendo el contacto, y Leopoldo María Panero, a quien me encontré un día en Visor libros, cuando pasó un tiempo en el Hospital Clínico de Madrid. Echando la vista atrás, da vértigo pensar en lo joven que era yo, lo jóvenes que fuimos.

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