Cuatro cuentos italianos

Flash, 2013.

El libro en el mercado.

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Este librito recoge cuatro relatos ambientados en Italia. Su espíritu responde a sendos viajes, y empieza con la historia de un niño portugués al que su padre, camionero, promete llevar en uno de sus transportes a Roma, si saca buenas notas en el colegio. Se me ocurrió la idea mientras esperaba a embarcar un ferry en Barcelona con destino a la capital italiana. Puedes pasarte los primeros cuarenta años de tu vida sin pisar Italia, viendo reproducciones de las obras de arte, así como de lejos. Pero luego te engancha y, durante un tiempo, no quieres ver nada más que el David, Bomarzo o la Cartuja de San Martino.

Darwin en las Galápagos 

Dvd ediciones, 2008

 

darwin

Estoy bastante orgulloso de que Darwin en las Galápagos decepcionara a más de un lector entusiasta de mi primer libro de poemas. Sonará raro, pero es así. También estoy orgulloso de que irrite por igual a los lacanianos y a los alterosentimentalistas. Tuvo muchos títulos y distintas estructuras, pero al final todo giró alrededor de un poema que escribí sobre un grabado de época, en el que se plasma la sorpresa de Darwin, fusil en ristre, cuando se topa con una tortuga gigante en las Galápagos. Por eso elegí esta portada, muy en la línea de DVD ediciones, que ya había utilizado una señal de tráfico, al menos una vez, que recuerde ahora, en la antología Feroces, de Isla Correyero. Hacía poco, había estado en la ciudad de Lucca, en el norte de Italia, y había visto en el pórtico de la catedral una figura parecida: un ciervo en pleno salto, como un aviso medieval de que lo animal existe, persiste; y que, a veces, si se cruza en nuestro camino, puede ser un peligro. Para el animal, pero también para nosotros. Darwin se estuvo tres décadas desmenuzando ese peligro, antes de atreverse a formularlo como teoría. La tortuga con la que se topó seguro que vivió más años que él. Un poco de respeto.

Viaje al ojo de un caballo. Veinte días en Mongolia

Artemisa, 2007

 

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El blog que tuve con este título.

Fue la primera vez que un editor me pidió leer un manuscrito. Marian Montesdeoca y Ulises Ramos, editores de Artemisa, sabían que tenía algo escrito de un viaje a Mongolia y me lo pidieron. Al poco, me llamaron entusiasmados: querían publicarlo. Mimaron el libro, me mimaron a mí, viví con ellos tiempos muy bonitos, luego vino el Emerson, el José Martí, y un Bram Stoker que se nos quedó en el tintero. Diosa, Héroe, ¡qué tiempos!

El poema en prosa en los años setenta en España

UNED, 2005

 

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Me encanta la cita que encabeza este libro. La descubrí leyendo a Keith Waldrop, un poeta estadounidense, pareja de Rosemary Waldrop, autora de magníficos poemas en prosa. La cita dice así: «Waiting is a form of violence». En la mili, en la cantina del cuartel, había un colgante que los reclutas compraban para llevarle a la novia; tenía una cinta de vistosos colores y un lema escrito: «A la que supo esperar, la he de llevar al altar». No sé qué habrá sido de esas parejas, sí sé que esperar algo o a alguien no deja de ser una forma de violentarlo. En el poema de Waldrop, sin embargo, se alude al sistema de esperas que es el verso, un recurso tan viejo como el mundo, pero que instaura cierta violencia al pautar el discurso y obligar al lector al dictado de su visual. He traducido versos, pero la poesía la escribo en prosa. Antes era más militante al respecto. Entre las dos partes de este libro, entre la teoría y la historiografía, hay una poética en la que se trasluce esa militancia. Era más o menos joven, y cuando se es joven, hay que estar ahí, en la trinchera. Luego pasamos a las catacumbas, donde nos consolamos pensando que es el único refugio de la verdadera luz.

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